Hace años me contrataron, sin tener experiencia en finanzas, como analista trainee en un hedge fund. Le pregunté a quien pronto sería mi jefe cómo debía prepararme.

Y me respondió: “Conseguí una calculadora financiera y aprendé a utilizar las teclas del valor actual neto (VAN). Es todo lo que necesitas”.

Tenía razón. Desde entonces pienso en términos de flujos de caja futuros, valores terminales y tasas de descuento. Todas las demás herramientas analíticas que adquirí desde entonces han sido secundarias.

Por eso me siento incómodo haciendo lo que tengo que hacer hoy: escribir sobre el bitcoin, un activo que está mucho más allá de la comprensión de mi calculadora HP-12c. El valor de las existencias de bitcoins en un momento del miércoles había caído un 29%, lo que supone una pérdida de valor de u$s 225.000 millones.

La mejor manera de ver al bitcoin es como capital de una compañía que tiene como único activo una tecnología prometedora pero no probada -no es estrictamente así, pero sirve como metáfora. Mucha gente habla de la criptomoneda en esos términos.

Por ejemplo, Bill Miller, un famosísimo inversor bursátil, dijo a Barron’s hace unas semanas: “El bitcoin es la solución a un problema que perjudica a las economías desde que existen las economías, que es el monopolio del gobierno sobre la masa monetaria y los sistemas bancarios, lo que conduce a defaults seriales, confiscación con nacionalización, inflación . . . la mejor manera de pensar en él es verlo como oro digital.”

El oro es analógico, el bitcoin es digital. Es muy superior al oro como depósito de valor. . . no podes huir de tu país con millones de dólares en oro, porque ocupa espacio y es difícil de dividir, mientras que podes enviar bitcoins a cualquier parte en una fracción de segundo a muy bajo costo, y es casi infinitamente divisible”.

Si la tecnología del bitcoin funciona, será una nueva forma de dinero superior en lo que se refiere a la función concreta que cumple el dinero como depósito de valor: será a prueba de la inflación, transferible sin fricción y estará fuera del alcance del manoseo de los gobiernos.

Marc Andreessen, un famoso inversor en tecnología, escribió hace algunos años: “El libro mayor del bitcoin es un nuevo tipo de sistema de pagos. Cualquier persona en el mundo puede pagar a otra persona en el mundo cualquier cantidad de valor de bitcoin simplemente transfiriendo la propiedad del slot correspondiente en el ledger. Se introduce el valor, se transfiere; el receptor obtiene el valor sin necesidad de autorización y, en muchos casos, sin comisiones”.

Y si el bitcoin se convierte en dinero, su valor subirá mucho. Miller afirmó: “Hay unos u$s 10 billones de valor en oro en el mundo, algunos en joyas, otros en bancos centrales, otros en cosas como los ETF (fondos cotizados).

La capitalización de mercado del bitcoin es de unos u$s 1,1 billones. Estoy convencido de que el valor del bitcoin puede subir 10 veces bajo ciertas condiciones razonables – es decir, puede ser tan valioso como el oro“.

Sin embargo, la gente sensata debería coincidir en que la tecnología del bitcoin aún no funciona. Eso debería ser obvio. Los movimientos de precios del miércoles demuestran que el bitcoin es demasiado volátil para ser dinero.

Igual de importante es que los costos de transacción suelen ser altos y las operaciones son lentas.

Esa criptomoneda sólo se acepta en unos pocos lugares. El bitcoin no es dinero, pero su valor actual se debe a la idea de que algún día se convertirá en dinero.

Cuando fluctúa el precio de las acciones de una compañía que tiene único activo una tecnología no probada (y sucede mucho), no ninguna tiene importanciaEs sólo ruido del mercado, excepto cuando surge nueva información que sugiere que el activo tecnológico tiene más o menos posibilidades de éxito.

Ahí es donde se equivocan muchos de los que creen en el bitcoin.

Piensan que cuando el precio de la criptomoneda sube, eso en sí mismo es prueba de que la tecnología está más cerca de funcionar, y de convertirse en dinero.

No es así. Muchas cosas, desde las figuritas de jugadores de béisbol hasta las cajas de Château Lafite, suben de valor. Eso no los convierte en dinero. Los convierte en activos.

Los activos son cosas buenas, pero el valor del bitcoin proviene de la posibilidad de que se convierta en un tipo específico de activo, es decir, en dinero.

Para probar que el bitcoin se está convirtiendo en dinero, la gente tendría que estar haciendo más transacciones con esa criptomoneda, en más lugares y de manera más fluida (que haya pruebas de eso es un tema para otro día).

Un último punto. El principal motivo de la derrumbe del valor del bitcoin el miércoles fue que el Banco de China dijo que “no debe ni puede utilizarse como moneda en el mercado”.

¿Es eso una prueba de que la tecnología del bitcoin no funcionará y no se convertirá en dinero? Tal vez, pero hay que recordar que una parte esencial del atractivo de bitcoin es que se supone que las opiniones de terceros, y especialmente de los gobiernos, no importan. Sin embargo, la última volatilidad sugiere que sí importan.

Hay una manera fácil de resolver esa contradicción: plantear que gran parte del valor actual de bitcoin es pura e ilimitada especulación, sin conexión alguna con el carácter fundamental de la tecnología.

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