La Reserva Federal y sus cambios de políticas monetarias han afectado drásticamente a Bitcoin y todavía muchos no entienden por qué.

Lo que muchos temíamos se convirtió en una realidad. La Reserva Federal de los Estados Unidos tendrá que subir las tasas de interés antes de lo anticipado debido al sobrecalentamiento económico. Hace un año estábamos hundidos en una profunda crisis deflacionario. Hoy nos estamos preocupados por una recuperación demasiado rápida. Los estímulos, las vacunas, y las distintas medidas obviamente que funcionaron muy bien. Demasiado bien. No de la manera más igualitaria y justa, pero en tiempo récord la economía parece estar reactivándose.

Durante los primeros meses de la crisis, el gran problema era la deflación. Simple. La caída de la demanda significa caída de ingresos. Y la caída de ingresos significa desempleo y desaceleración económica. Todo esto causado por las medidas de confinamiento relacionadas, por supuesto, con la pandemia del Covid-19. Nos vimos sumergidos en una crisis muy grave. Y las autoridades monetarias (aquí hablo principalmente de los EE. UU y en menor grado de Europa) se vieron en la obligación de tomar medidas radicales. Las tasas de interés se colocaron por el suelo. Y se comenzó la compra de bonos gubernamentales y corporativos para inyectar liquidez al sistema con el propósito de subir la demanda. 

En ese momento, se comenzó a hablar de una recuperación en forma de K. Las históricas inyecciones de liquidez combinadas con una muy limitada velocidad del dinero crearon un boom financiero artificial en la cima y una crisis bastante dolorosa a nivel de la economía real. ¿Por qué? Bueno, en primer lugar, por la falta de gasto fiscal. Por otro lado, una pandemia descontrolada. Con una población encerrada en sus hogares no es mucho lo que se puede hacer. En el ínterin, prosperó todo lo digital. Lo que benefició bastante al sector tecnológico. Por otro lado, el sector servicios sufrió mucho. El turismo, la hotelería, las aerolíneas, los vehículos, los restaurantes, clubes, y actividades al aire libre experimentaron un desplome. Debemos recordar que el sector servicios es responsable de la mayoría de los empleos en los países desarrolladores. 

La mayoría de la población, incluyendo economistas, políticos e inversores, apoyaron las medidas de la Reserva Federal. Es decir, se hizo lo que se tenía que hacer. En este sentido, se le podría dar una “A-” a la Reserva y una “C” al Gobierno de Trump en lo que respecta al manejo de la crisis. Claro que hay un sector que le da una “F” a la Reserva. Ese es el sector libertario. Pero aquí estamos entrando en el terreno de los dogmas. 

Los libertarios creen fielmente la escasez de dinero, en los males de la inflación moderada y en las bondades de la deflación. En este sentido, contradicen a la mayoría de los economistas contemporáneos. Para los libertarios, la Reserva tiene una “F” permanente por el solo hecho de existir. El problema es que los libertarios no han cambiado de ideas en más de un siglo. Este es un sector ultraconservador que opone a la teoría monetaria actual.

Me tomo el tiempo para hablar de los libertarios aquí por la sencilla razón de que hay muchos libertarios en el espacio cripto. Muchos jóvenes, de hecho, son libertarios sin saberlo. Se interesan en Bitcoin por sus oportunidades financieras, pero después de un tiempo caen en las manos de los influencers libertarios de turno. De pronto, se convierten en reformadores monetarios y críticos acérrimos del sistema. Supongo que son los gajes de la posmodernidad y la era de la posverdad. Con un par de documentales en Youtube y siguiendo varias cuentas en twitter, estos revolucionarios saben más que todos los premios nobeles de economía juntos. Llaman “idiota” en Twitter a cualquiera que contradice sus afirmaciones con la típica autoestimada de los millennials. Son tribus posmodernas. Irreverentes, antiautoritarias, y dogmáticas. 

Para estos grupos todo esto es nuevo y original. Sin embargo, estas ideas libertarias son más viejas de las ventosas. Los escarabajos del oro llevan siglos hablando de conservadurismo. Ahora bien, el concepto clave es la deflación. Nadie quiere regresar al patrón oro precisamente por eso. La escasez es excelente para un activo. Terrible para una moneda porque implica inestabilidad en el mejor de los casos y deflación la mayor parte del tiempo. Los resultados son desastrosos y he ahí la historia como evidencia. ¿Por qué las crisis antes duraban tanto tiempo? Bueno, nadie quiere gastar un dinero que sube de valor. Y sin gasto no hay crecimiento económico. 

Ahora bien, la Reserva logró frenar la deflación con un proceso llamado reflación. Sin embargo, ya estamos en junio del 2021. Muchas cosas han cambiado. La demanda definitivamente está retornando y ya tenemos más “normalidad”. De hecho, la inflación de los últimos meses supera los rangos aceptables. Si bien es cierto que mucha de esta inflación que estamos viendo es transitoria, porque se debe a fallas temporales de las cadenas de producción y distribución. Esto no aplica para todos los sectores. En muchos sectores, podríamos tener una inflación más persistente. 

En otras palabras, ya el problema no es la deflación. De hecho, es la inflación. Todavía un 5% es aceptable en beneficio a la recuperación. Pero eso no se puede tolerar por mucho tiempo. En sus últimos anuncios, la Reserva ha reconocido eso. Obviamente, la economía retomó sus viejas fuerzas con mayor vigor de lo anticipado. Esto obliga a la Reserva a cambiar de tono. Seguramente, tendrá que subir las tasas de interés el próximo año o en el 2023. De lo contrario, con seguridad, tendremos un cuadro inflacionario no muy saludable. 

Los mercados sufren porque los recortes de liquidez normalmente perjudican el precio de los activos. Muchos inversores están refugiándose en el dólar (cash o bonos T). ¿Por qué? Bueno, el dólar está débil hoy. En el momento que la Reserva recorte, se fortalecerá. Lo que significa que está a precio de oportunidad. El precio de Bitcoin se beneficia con una política monetaria flexible. Debemos recordar que Bitcoin carece de valor intrínseco. Su valor es estrictamente monetario. Es decir, es una tasa de cambio, siendo su par más importante el BTC/dólar. En fin, la liquidez del dólar beneficia a los mercados bursátiles y a Bitcoin.

Al parecer, muchos radicales no ven a Bitcoin como una inversión, porque están aquí por la utopía libertaria. Ahora bien, ¿qué tan representativa es realmente esa corriente? ¿Es la ama de casa que compra BTC con sus ahorros de toda una vida parte de este grupo? ¿Es el joven que espera que Bitcoin alcance $100K para comprarse la moto de sus sueños indiferente a su precio? Yo me atrevería a decir que la mayoría de los bitcoiners son inversores pragmáticos. ¿Son los radicales los dueños de Bitcoin? No lo creo. La reciente caída es una prueba de ello.

Bitcoin es lo que sus usuarios deciden que es. Los que pretenden secuestrar a Bitcoin para promover su agenda política fracasarán. Si estudiamos los datos con detenimiento, nos damos cuenta que el precio de Bitcoin se ve afectado bastante por las condiciones macroeconómicas del momento. Bitcoin no es una isla. La flexibilidad monetaria y un Wall Street en risk-on benefician a Bitcoin, y un entorno de escasez monetaria y miedo lo perjudican. Una afirmación poco popular en la tribu cripto. Pero, seamos sincero, ¿Es falsa? 

 

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